Agresividad por dominancia

Agresividad por dominancia



Ahora que ya conocemos un poco como funciona la jerarquía canina y como son las relaciones entre el perro y su familia humana, vamos a echarle un vistazo a la vida de Jack, un pastor alemán de 2 años.

Jack llegó a casa rodeado de un ambiente de alegría cuando tenía 3 meses de edad. Desde ese momento toda la familia olvidó que es un perro y fue tratado como un miembro más de la familia. Pasó su vida disfrutando de largos paseos por la ciudad tirando de su dueño, Tony, al que le costaba demasiado esfuerzo dirigirlo, así que realmente Tony era paseado por Jack. Él era el primero en comer, así que luego en la mesa complementaba su dieta con lo que le ofrecía toda la familia de sus platos. A Jack no le fue difícil tomar el control del sofá, aunque no sentía interés por el mando a distancia, y enseguida la cama de Tony fue su lugar habitual para dormir. A sus dos años Jack era el que decidía cuando salir y cuando comer, y toda la familia obedecía sus órdenes. Nunca apartaba la mirada de ninguno de sus dueños y a veces era complicado moverse por la casa porque Jack se ponía delante y había que rodearlo para poder pasar.

Lo que está ocurriendo llegados a este punto es que se han invertido los papeles, en lugar de ser el perro el que obedece a sus amos, son los amos los que obedecen al perro, muchas veces sin darse cuenta de esta situación ya que a veces Jack les obedece, aunque lo hace porque le apetece. Los intentos para corregir esta situación normalmente serán respondidos por gruñidos, avisos que al ser ignorados pueden acabar con un mordisco a sus amos. Jack se ha convertido en el líder de la manada, y sus amos sus subordinados.

La familia de nuestro perro posiblemente se sienta sorprendida de su comportamiento, llegando a pensar incluso que es un desagradecido porque lo han tratado siempre como a un rey. Nada más lejos de la realidad, claramente la culpa es de los amos que lo han humanizado, ignorando totalmente las normas sociales caninas. Corregir este problema de agresividad por dominancia implica un cambio de mentalidad y actitud por parte de los amos.

Lo ideal, como siempre en estos casos, es acudir a un especialista que nos pueda ayudar a tratar el trastorno de nuestro perro, ya que aunque de buenas a primeras puede pensarse que la única solución es el sacrificio del animal, la mayoría de los casos tienen solución. El castigo físico ha de descartarse siempre, sólo conseguiremos empeorar la reacción del perro. Antes de comenzar el tratamiento la familia ha de comprender cuales son las normas de conducta sociales del perro y asumir su parte de la culpa en el desencadenamiento de esta situación.

Para corregir este comportamiento es necesario un proceso de adiestramiento en el que se debe involucrar toda la familia y bajo supervisión de un especialista. A esto se añade la castración en caso de los machos, y el uso de fármacos.

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